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Relatos Eroticos / Mama inocente

Mama inocente

Relato añadido: 14/04/2009

Desde que Hiromi había quedado viuda tres años atrás había luchado muy duro por sacar a sus dos hijos adelante. Trabajando por las mañanas en la oficina y por las tardes desde casa, ganaba el dinero suficiente como para mantenerse a flote, pero a cambio de descuidar más de lo que ella hubiera deseado el cuidado y la educación de sus hijos. Y no es que fueran malos chicos, pero es que Hideyoshi, el mayor, estaba entrando en la pubertad, con todos los cambios y dudas que eso genera y su hija pequeña, Nobiku, se iba a ver en la misma situación antes que después y ella no estaba preparada para enfrentarse a ese problema. Sobre todo el que suponía su hijo.

Tal vez en Occidente una madre pudiese hablar libremente con su hijo varón de sexo, explicarle que le estaba pasando, o al menos, delegar en los maestros y en las clases de educación sexual, pero en Japón ese papel estaba reservado únicamente al padre y a ella no la habían educado para hacer frente a aquella situación, que le daba infinita vergüenza.

Sin embargo, aquella tarde, cuando su hija le había confesado sollozando en la cocina que desde hacía días su hermano le pedía a cada momento que se bajara las bragas y le enseñara su coño, había llegado a la firme decisión de que habría de vencer todos sus miedos y recelos y enfrentarse al problema de cara antes de que todo se le fuera de las manos. Estaba decida: se armó de valor y fue a la habitación de su hijo, que en ese momento estaba llamando a su hermana a gritos.

Llamó a la puerta y entró. Nada más verla a su hijo le dio un vuelco el corazón y casi tartamudeando le preguntó que qué quería. Hiromi respiró aliviada, al menos él estaba tan nervioso como ella. Sonriendo se sentó a su lado en la cama y, tras poner su mano en la rodilla de su hijo, trató de empezar a explicarle todas aquellas cosas que debía haberle contado su difunto esposo.

Al principio le costó horrores encontrar las palabras, pero, poco a poco fue explicándole mejor que peor todos los misterios en torno al sexo. O más o menos. Aquello era aún más difícil incluso de lo que ella había supuesto.

De pronto, para su sorpresa, su hijo la interrumpió de golpe. Mamá, le dijo, no te esfuerces, todo eso que me estas diciendo ya lo sé desde hace tiempo. Existe Internet... ¿sabes?. Al principio Hiromi se quedó muy aturdida. Desde luego los jóvenes de ahora no eran como los de su época. El problema, prosiguió su hijo, es que conozco la teoría, pero no la práctica. Tragó saliva, tampoco para él aquello era fácil. Verás, por ejemplo, jamás le he tocado los pechos a una mujer.

Hiromi sonrió. Bueno hijo, trató de salir del paso, para todo hay un momento y sin duda pronto llegará el día en que conozcas a una chica y... Hideyoshi la interrumpió bruscamente: eso es lo que me dicen todos, pero yo creo que lo que ocurre es que no me queréis ayudar. Al final... me parece que voy a acabar yéndome de putas.

Él sabía que a su madre aquello no le iba a hacer ninguna gracia. Existe el mito en Occidente de creer que la prostitución en Japón está bien vista, confundiendo a las geishas con lo que no son exactamente. La verdad es que allí la prostitución esta tan mal o peor vista que en cualquier país occidental.

Hiromi respiró bien profundo tratando de calibrar las palabras de su hijo. ¿Tú crees que eso sería una buena idea?, le dijo todo lo seria que pudo. No, negó su hijo con la cabeza, pero si ni tú quieres ayudarme ya me dirás que puedo hacer si no.

Aquello era muy injusto para ella. Ella sí quería ayudarle. Precisamente por eso estaba allí a su lado, en su cuarto. ¿Y cómo quieres que te ayude?, le preguntó molesta. ¿Acaso no estoy ahora hablando contigo?. Hideyoshi asintió con la cabeza. Sí, pero eso no me basta. Si al menos... Por un instante dudó en lo que iba a decirle. Si al menos me enseñases tú tus pechos, tu culo...

Hiromi creía que se le hundía el techo encima. Aquello era descabellado. Algo propio, por otra parte, de un muchacho de quince años. Sin embargo, el imaginárselo yendo al barrio de las putas solo, o acompañado de a saber qué compañías le parecía aún más horroroso. O peor aún, que acabase haciéndole alguna barbaridad a su hermana. Había de elegir.

Al cabo de unos instantes, y terriblemente ruborizada, observó a su hijo y, tras tragar saliva, le preguntó si dejaría en paz a Nobiku si ella le ayudaba. Hideyoshi no tardo un segundo en jurarle solemnemente que así lo haría. Ella sonrió avergonzada, respiró profundamente y se levantó de la cama poniéndose frente a su hijo.

Sin decirle nada, de lo muy azorada que estaba, se tomó el jersey por el bajo y se lo quitó rápidamente. Después la camisa, quedándose únicamente con la falda y el sujetador. Desde que su esposo había muerto jamás se había desnudado delante de ningún otro hombre, y aunque para ella su hijo no era más que eso, su hijo, no podía impedir que cierta excitación, más que nada provocada por la vergüenza del momento, erizara sus pezones y mojase su vagina poco a poco.

Hideyoshi permanecía quieto y en silencio mientras su madre se desnudaba, aunque no pudo evitar lanzar un pequeño suspiro cuando ésta se soltó el sujetador, dejando al aire un par de fabulosas tetas grandes y redondas. A pesar de no ser ya ninguna niña, su madre conservaba un cuerpo precioso,

Deprisa, muy deprisa, para acabar lo antes posible, Hiromi se soltó la falda, que fue a caer a sus pies, y tras darle una patada a ésta, alejándola de sí, se bajó las barguitas, quedando completamente desnuda ante los ojos hambrientos de su hijo. Como no sabía muy bien que hacer giró un par de veces sobre sus tobillos para que su hijo pudiese contemplarla al completo.

Bueno, ya esta, comenzó a decir tras unos instantes. Creo que con lo que has visto... ¡Espera!, le interrumpió: hasta ahora todo lo que he visto lo puedo encontrar en Internet. No te ofendas, madre, pero necesito saber, necesito aprender, le dijo mientras se levantaba lentamente de la cama hasta situarse frente a ella.

Hiromi asintió consternada. Tal vez su hijo tuviese razón. A fin de cuentas lo más difícil ya lo había hecho, ahora solo debería responder a sus preguntas. A Hideyoshi le temblaba el pulso mientras acercaba su mano derecha al pecho de su madre. ¿Puedo?, preguntó temeroso. Hiromi no contestó, tan solo movió ligeramente la cabeza.

En cuanto su mano entró en contacto con aquella dura y redonda teta a Hideyoshi se le secó la garganta y su corazón comenzó a latir a toda velocidad. Aquello era increíble: su madre, su preciosa madre, desnuda ante él. ¿Es verdad –le preguntó azorado- que a las mujeres os gusta que os acaricien los pezones?. Hiromi asintió muy avergonzada. ¿Cómo?... ¿así?. De pronto un escalofrío de placer recorrió todo el cuerpo de la madre, su hijo estaba pellizcando sus pezones.

¿Y que os los laman?. Cuando su hijo posó su lengua sobre sus pezones y comenzó a chuparlos casi pierde el conocimiento de placer... hacía ya tantos años que nadie, excepto ella sola, le daba placer sexual. Su respiración se volvió agitada mientras su hijo se volvía a cada momento más y más osado.

De pronto Hideyoshi separó su boca del pezón que estaba chupando y miró directamente a los ojos entrecerrados de su madre. ¿Y os gusta que os toquen aquí?. ¿Cómo os gusta que os toquen?

La mano de su hijo se había posado directamente sobre su clítoris. Por un momento Hiromi sintió que enloquecía. Bastante mojada estaba ya para que nadie le ayudara. De un respingo se separó de su hijo. Bueno, ya está bien, hijo: soy tu madre. No es normal que hagamos esto. Déjame vestirme e irme.

Pero madre, si tú no cumples con tu parte del trato yo no aprenderé, dijo él entre sollozos. Acabaré yéndome de putas. O incluso pidiendo a Nobiku que sea ella la que me ayude.

Aquello era demasiado. Hiromi creía que iba a estallar por un momento. Sin embargo, su hijo tenía razón, ella se había comprometido a ayudarle y no podía echarse hacia atrás. Además, tampoco llegaría más lejos de aquellos tocamientos. En ese momento se dijo a sí misma muchas cosas, muchas, con tal de no reconocer que estaba disfrutando como una zorra en celo y que quería más. Necesitaba más.

Esta bien, asintió acercándose de nuevo a él. Esta rendición de su madre le dio fuerzas a Hideyoshi, que por un momento había creído que iba a perder. Tenía a su madre en la palma de su mano y, por lo que había notado cuando le tocaba el clítoris, completamente mojada. Tumbate mamá, por favor, le dijo envalentonado. Así será más fácil verlo todo.

Hiromi ya no tenía ni fuerzas ni argumentos (ni ganas) para decirle que no, así que sumisamente se tumbó boca arriba en la cama. Su hijo mientras se arrodilló en uno de los lados y, tras separar las piernas de su madre, se puso a contemplar de cerca el coño abierto y mojado de su mamá. ¿Esto es el clítoris?, le dijo mientras le tocaba con la punta del dedo aquel misterioso bultito. Síhhh se le escapó a la madre entre suspiros. No cabía duda de que estaba disfrutando.

Y que os gusta más, que os lo toquen así o así. Hideyoshi sonreía para sus adentro. Desde hacia meses sabía de sobra que era lo que más le gustaba a las mujeres porque la hermana de un compañero de clase le había enseñado gustosa todas esas cosas. Sin embargo, estaba disfrutando como nunca torturando a su madre, dándole placer e incluso pellizcándole a ratos en lugares que él sabía especialmente sensibles para excusarse después por su falta de experiencia. Y pensar que él había pensado en llamar a su hermana. Su madre era mucho más puta que ella. Menuda fiesta se debía estar montando ahora sus amigos.

¿Y os gusta que os laman?. Hiromi cerró muy fuerte los ojos. Estaba perdida. Sí, le dijo con timidez. Instantes después la lengua de su hijo le lamía lentamente cada recoveco de su sexo húmedo y caliente. Ya no había marcha atrás. Cuando notó como su hijo le metía la lengua por su agujero se terminó de convencer de que iba a acabar follada por su niño.

Mamá, le dijo tiernamente Hideyoshi... ¿me dejas que te...?. Ella solo pudo asentir. Ya no aguantaba más, necesitaba que se la follasen. Quería que se la follasen, y cuando notó entrar dentro de ella la verga de su hijo estuvo a punto de correrse allí mismo. Hacia tanto tiempo.

Dentro de ella Hideyoshi se movió con mucha más soltura que la que se le supone a un chico virgen, pero eso a su madre ya le daba igual. Agarró con fuerza los glúteos de su hijo y los empujó contra ella una y otra vez mientras notaba como entraba y salía aquella dura polla.

Para cuando su hijo se corrió dentro de ella, Hiromi ya había tenido dos orgasmos, y estaba a punto de alcanzar el tercero cuando unas voces a su espalda la dejaron petrificada de miedo.

Vaya, vaya, con la señora Hireki.

Sí, y pensar que nosotros que habíamos venido pensando que le íbamos a ver el coñito a su hijita.

Atrapada como estaba bajo el cuerpo de su hijo, Hiromi ladeo su cabeza para ver como, frente al armario, ahora abierto de par en par, estaban tres compañeros de clase de Hideyoshi. ¿Pero, pero.... qué es esto?.

Su hijo sonrió sobre ella, mostrándole un aspecto fiero y salvaje. Verás, mamá, le dijo, estos amigos míos han venido a casa y creo que sería descortés no ofrecerles nada.

Hiromi hubiera apartado de un empujón a su hijo de sobre ella si no fuera porque aún la estaba empalando. Una voz sonó a su espalda: verá señora, ahora que la hemos visto desnuda y follando con su hijo, no creo que nuestros padres tuviesen muy buena opinión de usted pase lo pase y diga lo que diga. Hiromi estaba a punto de echarse a llorar, y no porque aquellos mequetrefes tuviesen razón, sino porque ella deseaba ser follada por aquellos jóvenes. Lo deseaba con todas sus fuerzas, mal que le pesara.

Sonriendo como un lobo, Hideyoshi salió de dentro de ella y, mirando a sus colegas, les dijo: ¡el siguiente!. Mientras su amigo Kenzo metía su cabeza entre las piernas abiertas de su madre y empezaba a lamerle de nuevo el coño, él sentó a un lado de la cama limpiándose la polla con la sábana.

Durante unos minutos permaneció quieto observando como su madre se metía por turnos las pollas de dos de sus amigos mientras el otro le penetraba salvajemente. De nuevo notó como su pene se ponía muy duro, y más cuando, a pesar de las fingidas, o tal vez no, súplicas de su madre, entre los tres la giaban y comenzaban a lamerle y morderle el culo, para luego, uno tras otro, penetrarla analmente mientras ella gemía de placer como una loca.

De pronto a Hideyoshi se le ocurrió una idea. Se subió los pantalones y salió de la habitación tras asegurar que en seguida volvía, aunque estaba casi seguro de que ninguno le oía. De una carrera se presentó en el cuarto de su hermanita que, ajena a todo, estaba haciendo los deberes, y tras tomarla por la mano le dijo que le acompañase.

Cuando colocó a Nobiku bajo el umbral de la puerta ésa no pudo dar crédito a sus ojos. Allí estaba su madre, a cuatro patas y empalada por la boca y el culo, por dos amigos de su hermano mientras un tercero le lamía las tetas desde abajo.

¿Ves, Nobiku? –le dijo la voz de su hermano a su espalda- el sexo no es nada malo.

A partir de ese momento lo único que Nobiku pudo sentir fueron las manos de su hermano subiéndole la falda en dirección a sus ya empapadas braguitas.

Categoría: Amor filial | Comentarios: 1 | Vista: 11767 veces

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Comentarios

zorra
Publicado por: zorra el día: Viernes 05 de Julio de 2013

que rico relato la madre nno queria pero acabo follando como una buenisima puta con cuatro machos y creo que la nenita siguio el ejemplo de la madre lo bueno que las dos acabaron contentas y bien satisfechas


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