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Puro amor en familia

Relato añadido: 28/01/2009

Mi familia siempre a sido unida y afectuosa. Juan, mi esposo, simplemente adora a su hija y yo pienso que eso es hermoso. Ambos han estado tan cerca toda su vida que cuando uno de los dos se iba a algún lugar, tenían que besarse. Cuando ella quedo embarazada en su adolescencia, yo estaba segura que era de Juan, aunque ellos lo desmintieron siempre. Las relaciones familiares, las intimas, siempre han formado parte de mi vida. Mariana, mi hermana mayor, y mis dos primos, Gonzalo y Ezequiel, crecieron sintiendo mucho afecto entre ellos. Mariana y yo crecimos durmiendo juntas. Mariana tiene unas hermosas tetas y esta muy orgullosa de ellas. La ropa que usa las realza y le encanta hacerlo. Ya que sus tetas siempre fueron mucho más grandes que las mías, no era egoísta y me dejaba acariciarlas y chupar sus pezones. Muchas noches, en la cama, jugábamos con nuestros pechos y nos masturbábamos juntas. A mi me encantaba tocárselos y apretujárselos, ¡eran tan redondos y duros!, que me gustaba acariciarle los pezones hasta ponérselos duritos y después los mordisqueaba y los chupaba con sumo placer.

Siempre que podía, cuando estábamos solas en casa, le pedía a mi hermana: Mariana ¿me das la teta?, y Mariana nunca me la negaba. Cuando nuestra prima Sara su quedaba a dormir con nosotras, sentíamos que debíamos cuidarnos, hasta que nos dimos cuenta que a ella le gustaba jugar de la mismo forma y hasta descubrimos que Sara sentía la misma adoración por las tetas de Mariana que yo. Entonces Marina la dejaba jugar también. Cuando mi propia hija llegó a los 18 años estaba muy bien desarrollada en los lugares adecuados, lo que la hacía verse muy hermosa. Me hizo y hace recordar a Mariana en muchas oportunidades. Muchas veces fantasíe con ella pero las desechaba. Seguramente, ella no sentiría lo mismo por el sexo que su tía Mariana. Entonces un domingo mi hermana vino a comer con su esposo y su hijo. Yo estaba ordenando las cosas después de la comida y entré en unos de los dormitorios justo para ver a mi hija con Mariana, recostadas en la cama. Juana levanto la cabeza cuando entré. Por su casi total desnudez, supe que no estaban charlando exactamente, sino que Juana estaba besando a su tía, y debe haber tenido una de las manos en los pliegues del desabrochado vestido de mi hermana entre sus maravillosas tetas. Mi corazón dejó de latir por unos segundos. Más tarde Juana y Mariana decidieron salir a caminar. Yo las miraba. Mariana tenía un brazo alrededor de los hombros de mi hija. La mano de Juana reposaba sobre la cadera de Mariana. Su cabeza estaba apoyada sobre el hombro de ésta mientras caminaban por el patio, como dos enamoradas. Corrí tras ellas y me apuré a llegar a una ventana rota. Cuando llegué allí, vi que efectivamente, como lo había pensado, estaban en la vieja casa de la servidumbre que todavía conservamos en el jardín, y las dos tenían sus blusas desabrochadas, y estaban paradas y se tomaban por las manos. Mi hija miraba las tetas de Mariana, con esos grendes pezones rosados que yo conocía tan bien. Comenzaron a besarse en la boca, y a pesar de la distancia yo podía ver sus lenguas rozarse y enlazarse una y otra vez. De pronto sus bocas se separaron y Juana bajó su cabeza y empezó a tocar con la punta de la lengua los pezones de Mariana. Por un momento me vi yo, hace mucho tiempo atrás, succionado esos pezones de la misma forma y con la misma devoción y calentura con que lo hacía Juana. Entonces escuché a Mariana que decía: Querida no tenemos mucho tiempo, más vale que lleguemos a eso. Entonces Juana dejo de chupar y se recostó sobre un viejo sillón y Mariana le sacó la pollera. Mi hija abrió sus piernas mientras Mariana se inclinaba hasta tener su cabeza entre las piernas de Juana. Yo no alcanzaba a ver lo que estaba ocurriendo pero no hacía falta, sabía que Mariana estaría lamiendo la conchita de mi hija y hasta tal vez la estaría penetrando con los dedos. Pero sí podía ver las facciones de Juana totalmente crispadas de placer y moviendo su cabeza muy despacio de un lado a otro para demostrar el éxtasis que estaba sintiendo. De pronto Mariana se incorporó y fue a sentarse sobre las rodillas de Juana y empezó a cabalgarla coño contra coño. Las dos se movían con desesperación, hasta que vi las manos de mi hija crisparse sobre los hombros de su tía y en unos pocos minutos más mi hija se corrio y Mariana dijo: Mejor nos vamos.

Era demasiado para soportarlo. Tenía que irme mientras se vestían. Fue algo fascinante de ver para mí. Ahora sé que puedo hacer el amor con mi hija. Tengo que esperar el momento, el lugar y las circunstancias adecuadas. Mucha gente pensara que mis pensamientos son equivocados, pero a mí me gustan las cosas con amor en la familia, y espero que mi hija crezca de la misma manera: con los mismos sentimientos.

Categoría: Amor filial | Comentarios: 0 | Vista: 16417 veces

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