





Aquel miércoles no tenía que ir a trabajar. Era festivo en el municipio donde radicaba la empresa en que estaba empleado, pero él no se lo dijo a su mujer. Se levantaron ambos a la hora habitual y desayunaron. Ella, como de costumbre, partió a trabajar antes que él, pues el horario laboral de este comenzaba media hora mas tarde que el de ella. Asomado a la ventana, vio como ella se introducía en su vehículo y se marchaba. Dejó pasar unos minutos más, por si acaso y por fin, mas tranquilo, encendió el ordenador, conectando la cámara. Sacó una caja grande de zapatos del armario donde la tenía escondida. Nervioso, la abrió. En ella estaban las cosas que tanto le excitaban. Las había estado comprando poco a poco. Pensaba usarlas con su mujer, pero su cobardía la había impedido decírselo y esos objetos esperaban aburridos a que ese momento llegase. En ese festivo miércoles, decidió por fin usarlos, aunque fuese en solitario. Se colocó delante de la cámara y comenzó a desnudarse. Después abrió la caja de zapatos. Sacó de ella primero el collar. Excitado y muy nervioso, lo ciño en su cuello y lo cerró. Dejó junto a la cámara un vibrador que tambien sacó de la caja y después hizo lo mismo con unas esposas. Frente a la cámara, deseando que alguien le estuviese mirando, se las puso en sus muñecas. Con sus esposadas manos, comenzó a pajearse. Pensó que era demasiado pronto para acabar y abrió uno de los grilletes. Puso entonces sus manos tras su espalda, ocultando las llaves de esta en su mano. Pensaba que podría abrirlas con facilidad, pues lo hizo un vez solo para probarlo. Lo estaba realizando de esa forma para que la gente que quizás lo estaba mirando por la cámara, no pensase que estaba solo. La excitación así, esposado con sus manos tras la espalda y con el collar en su cuello, era grandiosa. Temblaba solo por ello y se encontraba casi solo por eso cercano al orgasmo. Para él, ese momento se estaba convirtiendo en algo inolvidable.
De repente, escuchó el sonido de unas llaves entrando en la cerradura de la puerta de la casa. La excitación dio paso al nerviosismo y del placer pasó al pánico.
Intentó abrir las esposas, empezó a meterla pequeña llave en uno de los grilletes.
-¿Es ella?, ¿por qué ha regresado ahora?-, pensó dominado por el miedo.
La llave se escurrió entre sus dedos y calló al suelo. Los nervios se multiplicaron hasta el infinito, debía recuperar esa llave. La vio brillar en el suelo. Se arrodilló e intento cogerla. Nunca pensó que fuese tan difícil hacerlo. Entonces se abrió la puerta de la habitación donde él estaba frente a la cámara del ordenador. Aterrorizado, dirigió su mirada a esta, esperando ver a su esposa entrar por ella.
-Huy, perdón, -contesto la chica que aparecía por la puerta, siendo totalmente desconocida por él. Ella cerró la puerta de inmediato. Él no comprendía lo que estaba sucediendo.
Intento de nuevo coger las llaves de las esposas. No conseguía alcanzarlas. ¿Quien era esa chica?
Volvió a abrirse la puerta. La muchacha asomó curiosamente la cabeza. Una sonrisa burlona brillaba en sus labios. Entró en la habitación y se sentó en la silla de la mesa del ordenador. Se inclinó hacia delante, cogiendo las llaves de las esposas que aun seguían en el suelo.
-¿Es esto lo que quieres, verdad?, -dijo la mujer, enseñándoselas.
-¿Quien eres?, -preguntó él aterrorizado.
Ella contestó:
-Tu mujer me ha contratado para que haga la limpieza de toda la casa. Me había dicho que no habría nadie y me dio una copia de las llaves de la casa. Vaya sorpresa que me he llevado.
-Por favor, -dijo él asustado, -quítame las esposas.
Ella sonrío con malicia.
-¿Por que?, -contestó, -Un regalo como este no se lo encuentra una todos los días, -dijo metiendo las llaves de las esposas en el bolsillo de sus pantalones.
Ella vio entonces el ordenador y la cámara.
-Vaya, estabas exhibiéndote…
Miró a la cámara y burlonamente saludo con su mano derecha a esta.
-Eres un guarrin, -dijo entre sonrisas. Entonces se percató de la caja de zapatos.
-¡Huy, a ver que tenemos aquí!
Sacó de esta una mordaza.
-Que bien, vamos a probarla. Abre la boca.
Él sin pensarlo, obedeció. Ella metió la bola de la mordaza y cerró esta tras su cabeza.
-No imaginaba que iba a encontrar un esclavo aquí., -dijo sonriente. Sacó la llave de las esposas, y le puso estas por delante.
-Los esclavos trabajan, -dijo ella. Le dio un trapo húmedo y le ordenó:
-Friega el suelo, esclavo.
Ella oriento la cámara de la pc para que se apreciase todo bien. Él, arrodillado, comenzó a hacerlo, luego, entre las risas y miradas de la chica, limpió todo lo que le ordenaba.
-Así me gusta, -dijo finalmente la muchacha, -ponte de pie.
-Él lo hizo, ella se alzó tanbien. Le quitó la mordaza y tomando sus manos por la cadena de las esposas, se las colocó tras su nuca y lo empujó hacia la pared hasta que él toco esta con su espalda y comenzó a besarlo. La mano derecha de ella comenzó a excitar su pene. Él correspondió con pasión ese largo beso. Entonces sintió como esa mano comenzaba a pellizcar y estirar la piel de los testículos. Luego, con ambas manos acaricio primero sus pezones para después estirar fuertemente de ellos. Ella, sin dejar de besarlo, sonreía, mientras una muesca de dolor aparecía en los labios de él y la lengua de la muchacha entraba profundamente en su boca.
De repente, ella se sentó de nuevo en la silla, asegurándose de que todo fuese bien visto por la cámara.
-Ven, acércate, -ordenó. Él, obediente, se aproximó a ella. Esta lo tomó de nuevo por las esposas y con firmeza lo coloco boca abajo, sobre sus piernas, dejando bien a su alcance el culo del sumiso. La muchacha empezó a azotarlo con la palma de su mano, sin dejar de sonreír a la cámara. Se acordó después del vibrador que había sobre la mesa y untándolo con lubricante, lo introdujo en el ano del esclavo, con suavidad pero cada vez mas profundamente. Cuando estuvo metido hasta el fondo, lo hizo ponerse de rodillas, de forma que el vibrador no se saliese por si mismo del ano. Ella se quitó los pantalones y las bragas y sentada de nuevo de la silla, indicándole co el índice de una de sus manos, le ordeno que comenzase a lamer su coño. El oloroso sexo de ella era un manjar para el esclavo, que siempre había soñado con encontrarse en una situación semejante. La chica comenzó a jadear, acariciando los cabellos del sumiso. Repentinamente, puso en el collar del hombre una cadena que también encontró en la caja y estirándolo, lo llevó hasta el dormitorio. El ordenador era portátil, por lo que lo llevó con ellos a esta habitación, sin dejar de mostrarlo todo por la cámara. Puso al sumiso tumbado en la cama boca a bajo, se aseguró que el vibrador seguía bien metido en aquel culo y tomando un cinturón del armario, lo azotó díramente con el a lo largo de todo su cuerpo. Él se preguntaba, en medio de toda esa excitación, como explicaría todas esas marcas a su esposa, pero era tal el placer que sentía que no le parecía un grave problema en ese momento. Después, ella, sudorosa, se desnudó del todo tras ponerlo boca arriba, se colocó de cuclillas sobre él e introdujo su pene en su vagina. Lentamente, ella se fue relajando hasta que quedó tumbado sobre él, alcanzando por fin el orgasmo. Se tumbó a su lado entonces y estirando de la cadena, lo hizo colocarse de forma que limpiase todos los jugos de su coño. Él lamia con devoción digna de un buen esclavo. Por fin, ella lo hizo ponerse de pie y tumbada aun en la cama, tomó su pene con la mano, introduciéndolo en su boca, lamiendo, hasta que el sumiso se corrió. Ella escupió el semen que penetró en su boca y el resto de lo producido en la eyaculación, cayó al suelo. Le obligó a colocarse de rodillas, limpiando todo lo derramado al suelo con la lengua., de forma que no quede un segundo sin ser visto por la cámara. Al rato, ella se vistió, le quitó las esposas y le dijo:
-Limpia bien la casa, como si lo hubiese hecho yo. No quiero que tu mujer se entere.
Apuntó en un papel un número.
-Este es mi teléfono. Quiero que me llames en cuanto puedas, diciéndome cuando podemos hacer otra sesión. Si no lo haces, se lo diré a la santa de tu mujer.
Le dio un profundo beso de despedida, le acaricio suavemente la mejilla y la muchacha abandonó la casa.
El, aun solo con el collar en su cuello, comenzó a limpiar la casa, profundamente. Esto siguió siendo visto por la cámara
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