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Trio con el manotas

Relato añadido: 06/06/2013

El que tu mujer te sea infiel y tu lo puedas ver o participar yo creo que es algo que a muchos les ha pasado por la cabeza. En mi caso la cosa fue más o menos así, somos un matrimonio de ya 15 años, con dos hijos y aunque en lo sexual nos llevábamos bien, lo nuestro era casi rutinario, mismas poses, casi un mismo horario, si bien llegábamos al climax, yo creo que para ninguno de los dos era algo “apasionante”, lo hacíamos porque si.
Una noche que festejábamos justamente el aniversario 15 de nuestra unión, fuimos a cenar a uno de esos lugares donde por un precio puedes comer muchos platos, en este lugar en especial destacaban las especialidades en mariscos y pastas.
Nos habíamos vestido algo elegantes para la ocasión, mi mujer a sus 39 lucia muy bien, piernas largas y bien torneadas, un trasero redondito y aún firme, un par de tetas de buen tamaño con unos oscuros y grandes pezones que resaltaban en su clara piel, había escogido para esa noche un vestido negro ajustado, le llegaba algo más arriba de la rodilla, con cortes a los costados, lo que hacía que al sentarse o cruzar las piernas deje ver algo sus lindos muslos que cubría con unas medias oscuras con soporte que le llegaban casi hasta la entrepierna, el vestido tenía un escote que sin ser espectacular, dejaba ver la unión de sus dos virtudes.
Todo estaba normal hasta que fuimos a pedir unos platos de pastas, allí nos toco la atención de un hombre fornido, de unos 43 años, alto, con abundante vello, un rostro duro y mirada penetrante, destacaba en su cuerpo el tamaño de su manos, eran unas manotas que no pasaban desapercibidas para nadie. Mientras preparaba a nuestra vista los platillos, mi mujer me comentó sobre el tamaño de las manos, en broma le dije “ya sabes lo que dicen de los hombres que tienen manos grandes, que tienen el pi… grande”, ella se sonrojó algo, el cocinero que al parecer escuchó nuestra charla empezó a vernos de una forma diferente, bueno verla a ella y ver mi reacción, no perdía oportunidad de darle un paseíto visual a las tetas, ella percatada de esto se puso nerviosa y aunque trataba de disimular, ella también lo veía mucho. Los pezones no tardaron en aclarar lo que le pasaba a mi mujer, al estar con un vestido delgado y con un brassier ligero, no pudieron detener la erección. Al pasarnos los platos, rozó intencionalmente la mano de ella, ella se ruborizó aún más y bajo la mirada.
Ya en la mesa ella trataba de serenarse y evitaba mi mirada, en ese momento yo recordé que siempre había imaginado a mi mujer abriendo las piernas para otro, no se lo dije nunca porque somos una pareja más bien criada a la “antigua”, este pensamiento provocó en mi una excitación grande, el pito se me empezó a poner duro y en mi cabeza entro la idea de provocar una situación.
El sitio de las mesas tenía luz suave, estábamos frente a frente y con el pretexto de tener una mejor visión, me cambie de lugar colocándome a su lado, vino va vino viene nos entonamos algo, estábamos algo lejos del lugar de donde preparaban los platos, bueno del lugar del cocinero, pero lo podíamos ver y él a nosotros, ya no aguante mas y empecé a ejecutar mi plan:
- Qué te parece el lugar y la comida
- Esta muy bonito y la comida deliciosa, pero creo que ya no puedo comer más.
- Y que tal la atención
- Nos atienden bien pero creo que aquí vienen, comen rápido y se van, el local ya se está vaciando y no es muy tarde.
- Y qué tal el manotas?
- Quien????
- Vamos, el cocinero de pastas
- Ah, bien, atento y cocina rico
- Me refiero a que tal físicamente
- Es simpático, pero porque me preguntas eso
- Porque no pudiste disimular lo nerviosa que estabas en su presencia
Pedí una botella mas de tinto y suavemente coloque mi mano en su pierna, acariciándola suavemente, primero detuvo mi mano y luego ante la insistencia no le quedo más que ceder, ya sin rechazo, yo empecé a subir mis caricias hacía la entrepierna, llegando al final de las medias y aunque cuando alguien se acercaba me sacaba la mano de allí, yo volvía con más fuerza, otra vez sus pezones delataron su excitación poniéndose firmes como dos picos.
Llegando ya a tocar su panochita sobre la tanga negra que llevaba, sentí que estaba empapada, con destreza la empecé a dedear, ella suspiraba y cerraba los ojos, claro sin perder de vista al manotas, él tampoco era indiferente, era claro que mi mujer le gustaba y miraba constantemente nuestra mesa.

- Ya no puedo más, llévame a casa, necesito que me hagas el amor, estoy que estallo.
- Si mi amor, nos vamos pero no a casa, te llevaré a un lugar especial.

Pedí la cuenta y cuando pensé que ahí acabaría todo, nuestro amigo Manotas se acercó a la mesa.

- Qué les pareció la comida, creo que no les gustó porque veo que van a retirarse.
- No, cómo cree estuvo todo delicioso, especialmente las pastas que Usted prepara, verdad cariño?
- Si….todo estuvo rico, pero ya no puedo más, si sigo así perderé la figura.
- Eso si que está difícil y con todo respeto caballero, debo decirle que es Usted muy afortunado al tener como esposa a una mujer tan atractiva.

Otra vez ella se ruborizó, el Manotas la estaba llenando de halagos y piropos a la par que con su profunda mirada prácticamente desnudaba a mi mujer.

- Ya se van todos, creo que ya cerrarán el local, debo ir a cambiarme, porque no crean que soy cocinero todo el día, a esta actividad sólo le dedico unas horas.
- Que lamentable que ya no podamos hablar, a mi esposa y a mi Usted nos cayó muy bien, tal vez volvamos pronto, o mejor aún, porque no vamos a modo de conocernos mejor a tomar un café o una bebida a manera de mejorar la digestión.
- Le acepto lo segundo, no soy muy amigo del café, claro que iré encantado, siempre y cuando la señora no esté molesta.
- De ninguna manera…..le esperaremos.

El se fue presuroso a cambiar.

- Por qué lo invitaste, yo quería ya irme y estar contigo.
- Yo también mi amor, pero él ha sido muy atento y que mejor que agradecerle la atención que siendo también amables.
- Pero es que yo quiero…….

Y no deje que terminara la frase y en vista que Manotas no volvía de nuevo empecé a acariciar sus piernas y meter mis dedos a voluntad, ella estaba empapada, se notaba que la presencia de nuestro amigo la traía loca.
Al fin el salió, nos hizo señas y salimos del local antes que él esperándolo en la esquina, tomamos una movilidad rentada y fuimos a un discreto Bar, de esos que tienen mesitas en pequeños ambientes casi privados, los sillones eran algo bajos y una mesa de vidrio oscuro era el detalle, tenía un bonito arreglo floral y una vela que prendieron en cuanto nos sentamos, pedimos vino para beber y nuestra charla comenzó.
- Empecemos a conocernos, nosotros somos Julio y Micaela, tenemos dos hijos y hoy celebramos nuestro aniversario número 15.
- Yo me llamo Ricardo, tengo 32, soy divorciado y no tengo hijos, vivo con mi madre y mantengo nuestro hogar.
- Bueno, yo creo que podemos ya tutearnos porque somos amigos.
- De acuerdo, así que salud…!!!!!

Los vinos iban uno tras otro, ya llevábamos 3 botellas, estábamos mas entonados cada vez, por la forma de los silloncitos mi mujer que estaba en el mismo que yo ya mostraba la pierna y claro Ricardo no perdía oportunidad de verla al igual que las bellas tetas que de cuando en cuando querían escapar del escote ya ahora menos cuidado.
En una de esas que Ricardo fue al baño yo bese con pasión a Micaela, le acaricie las tetas por fuera y ella me dejó, luego ataque sus piernas y me fui directito a la panochita, ya no estaba mojada, ya chorreaba.
- Como que me sigas tocando así no respondo!!
- Y qué harías, dejarías que te siga tocando delante de nuestro amigo?
- Si lo haces va a creer que soy una puta, pero la idea no me desagrada porque la verdad y disculpa que sea sincera, me derrito cada que me mira.

Era lo que yo quería escuchar, Ricardo volvió y unos minutos después la empecé a besar apasionadamente, luego empecé a manosearla de nuevo, pero esta vez con un espectador viendo todo a través del vidrio de la mesa, primero recorrí sus ya destapados muslos, llegué a la división entre sus medias y la piel, con destreza hice a un lado la tanga y empecé a masajear la panochita. Ricardo tenía los ojos desorbitados ante el espectáculo mas no dijo nada, en una de esas que metía mis dedos, ella estiró su pierna, tiró el calzado y con su pie llegó al bulto de Ricardo, empezando a pajearlo.
La situación era increíble, de no ser porque había el riesgo de ser vistos lo hacíamos ahí mismo.
Salí como yendo al baño, era solo un pretexto, a mi regreso Ricardo estaba al lado de Micaela, ya la acariciaba en las piernas, ahora el espectador era yo, subió su mano por el muslo, llego a la panochita, hizo a un lado la tanga y empezó a dedearla, al entrar un dedo, ella casi grito, se mordió los labios para no hacerlo, no era para menos, semejante mano tenía que tener unos dedos grandes y gruesos.
Decidimos irnos ya, en la movilidad nos sentamos atrás los tres, Micaela al medio, en el camino me dio un beso que casi se come mi lengua, estaba re-caliente, Ricardo empezó a acariciar sus muslos, poco nos importó que el conductor de cuando en cuando veía por el espejo y sorprendía a Micaela alternando apasionados besos con los dos.
Llegamos al Motel, el conductor sonrió al dejarnos y con el pulgar en alto nos deseo suerte, ya en la habitación empezó el descontrol, Ricardo la tomo entre sus brazos y empezó a besarla con intensidad, yo me acerqué por detrás y empecé a masajear las tetas, solté el vestido y al salir de su prisión, las mismas fueron presa de la boca de Ricardo, chupaba y hasta mordisqueaba los pezones duros, al caer el vestido, quedo para mí la colita, me hinqué
y la recorrí con mi lengua, bajé su tanga y al separar ella sus piernas mis manos llegaron a la panochita y le metí dos dedos y con el pulgar jugueteaba con su huequito pequeño.
Ella había quedado con las medias de soporte como única prenda y el contraste con el color de su piel era fabuloso.
Luego Micaela se sentó al borde de la cama, con señas nos pidió los pitos para chuparlos, era obvio que el de Ricardo era inmenso, me sacaba como 5 cms. y mucho grosor, ella turnaba las lamidas a ambas, con los ojos cerrados chupaba a uno y pajeaba al otro, nosotros acariciábamos las tetas.
Micaela de la posición que estaba se recostó, fue Ricardo quien bajó a la panochita y empezó a hundir su lengua dentro, ella gemía, él era una experto, con la lengua dentro de ella le arrancaba gritos de placer, Micaela me jaló hacia ella y tomándome del pito me lo empezó a chupar, Ricardo no aguantó más y la penetró, al principio lentamente, hasta tuvo que detenerse hasta que la panochita se acostumbre a semejante monstruo, luego con fuertes embestidas, ella gritaba pidiendo más, me seguía chupando al ritmo que era penetrada, por la velocidad que empezó a tomar Ricardo y por la excitación en la que estábamos, ambos acabamos casi a la vez, el dentro y yo en su boca, ella se arrodilló y exprimió los pitos, tragándose el saldo de lechita.
Ricardo y yo quedamos muertos, pero Micaela quería mas, era su noche, nuevamente nos chupó los pitos alternando siempre, a mi que estaba de costado me ofreció la cola, refregándola contra mi pito que reaccionaba, la de Ricardo aún estaba flácida pero así ella se la tragaba enterita, la voltee e hice que quede hincada al borde de la cama, con la leche que aun quedaba de Ricardo y con su lubricación me unté el pito y empecé a penetrarla por atrás, ella gemía nuevamente, le di por un buen rato y Ricardo me pidió también hacerlo, mi mujer casi le rogo que lo haga, despacio también él la penetró dejándola sin voz, ya no podía ni gritar y sólo emitía los jadeos habituales.
Me recosté y ella con su mano limpio bien mi pito, luego se sacó la de Ricardo y se metió la mía adelante, dejándole la cola a Ricardo, el mensaje fue claro, el despacio la penetró por detrás, Micaela estaba loca con los dos pitos dentro suyo, con el cabello alborotado y sin aliento seguía nuestros movimientos, era ella la que marcaba el ritmo, como podía yo le chupaba las tetas, Ricardo con sus manotas le acariciaba la cabeza y cuando sus dedos llegaban a la cara, ella chupaba como un caramelo los largos y gruesos dedos, en casi gritos y jadeos de los tres llegamos a un climax casi simultáneo.
Estuvimos toda la noche en el Motel, lo hicimos más veces e incluso ellos lo hicieron sin mí, pero creo que las mejores fueron las dos primeras.
Tras esta experiencia nos vimos alguna vez mas con Ricardo pero nuestro matrimonio quedó fortalecido, no repetimos la experiencia con otra persona pero hablamos de hacerlo pero luego.

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